7 lecciones que aprendí con mis plantas

Actualizado: jul 16

Como a todos, la cuarentena me tomó por sorpresa, cambió mis planes y me trajo todo tipo de emociones. Pero sin duda, lo más inesperado de mi cuarentena fue la relación que construí con las plantas en mi casa.



Antes del confinamiento estaba metida en mi rutina acelerada y sólo las regaba cuando me acordaba o cuando alguna ya estaba tan decaída que era inevitable ver lo mal que la había cuidado.


Sigo sin dominar al 100% el arte de cuidar plantas, pero poco a poco me han dado lecciones valiosas que me hicieron reflexionar sobre la vida. Te las comparto:



No esperes crecimiento de algo que no cuidas





Desde que me regalaron esta sábila, me irritaba que no estaba tan bonita y saludable como las demás plantas. Sólo repetía:


“¿Ves? No se me da cuidar plantas, es cosa de abuelitas que tienen el don”.


Pero estar confinada me hizo darme cuenta de que nunca la regaba, nunca busqué en Internet cómo cuidarla, nunca platicaba con ella ni intenté cambiarla de lugar.


Lo mismo pasa en nuestras relaciones: a veces exigimos los beneficios de una amistad sólida o un matrimonio exitoso, pero sin dedicarles cuidado constante. Y a veces sólo nos damos cuenta del poco cuidado que le damos a esa relación cuando ya es demasiado tarde y evidente el poco cuidado que le pusimos.



No tienes que hacerlo TODO ahora mismo


Puedes pausar un proyecto, dedicarle energía a otras cosas, y luego retomarlo.



Esta Costilla de Adán empezó a crecer rapidísimo en cuanto la puse en el agua. En dos días ya se veía una hoja nueva naciendo (nacen enrolladas y luego abren), así que por mis cálculos, en algunos días ya estaría abierta.


Luego vino el shock: la hoja se quedó enrollada, del mismo tamaño, por casi dos semanas. La planta en general estaba viva, se veía saludable, sólo había “pausado” el crecimiento de la hoja.


Mientras pasé días pensando "¿qué está pasando, se está muriendo? ¿por qué no abre? ¿qué le pasa a esta planta?", no noté que lo que estaba creciendo ahora eran sus raíces. Cuando las raíces ya alcanzaron un tamaño grande, vino el momento mágico: la hoja retomó su camino pausado, y volvió a abrir lentamente.


Esta sabia planta le estaba dedicando a la hoja el mínimo de energía necesaria para que siguiera viva mientras le dedicaba la mayor parte de energía a las raíces, y después volvió a la hoja.


¿Y la lección? Que por más ansiedad, prisa, y preocupación por hacer todo lo antes posible, en realidad no se acaba el mundo por pausar un proyecto para priorizar otros.


A veces la vida nos pone imprevistos que nos hacen cambiar el plan original, u otras veces nosotros mismos decidimos enfocarnos en algo diferente y luego retomar planes que se quedaron en pausa.


Hay cosas que toman tiempo, y aunque no lo parezca por fuera, sí están avanzando


Este cactus llevaba casi un año exactamente igual, sin crecer NADA. Había momentos en que no sabía si estaba vivo, si estaba saludable, si estaba muerto (confieso que más de una vez consideré deshacerme de él).

Y un día, sin darme cuenta cómo, vi que surgió un pequeño cactus bebé. Y en cuestión de una semana pasó de un bebé a ya un cactus adolescente...



¿La moraleja? Hay que ser pacientes y dejar de imponerle a todo y todos nuestro tiempo.



Tus expectativas hacia alguien le pueden hacer daño


Esta lección me la enseñó esta guapísima crotón.



Cuando me la regalaron, no investigué qué tipo de luz le gustaba para escoger su lugar, sino que la puse en el lugar donde se veía mejor como decoración. Algunos meses después ya había perdido varias hojas, estaba decaída, y yo insistía en el “qué planta más temperamental, nada le gusta”.


Tras leer sobre sus necesidades y probar diferentes lugares…¡bingo! Se acomodó bien en un lugar (que para nada es el más bonito de la casa), y ahora no deja de crecer.


¿Y la moraleja? Se aplica a los hijos, a las parejas, a los amigos… enfocarte en que llenen tus expectativas sólo trae frustración y desgastará (o arruinará) su relación. Entiende que, así como tú, cada persona tiene deseos y necesidades diferentes y déjalos florecer.



Para crecer...hay que dar espacio


A esta costilla de Adán le compré accidentalmente una maceta demasiado grande.



Aunque al principio se veía rara en su mega maceta, al cabo de un tiempo empezó a crear muchas hojas nuevas. Hoy en día tiene el doble de su tamaño original y es la planta más llena de vida de la casa. Y no sé si la maceta grande haya sido la responsable, pero me gusta creer que al haber tenido espacio de sobra para desarrollarse...lo hizo.


¿Y en la vida? Se puede interpretar de muchas formas. Que tienes que aspirar a metas grandes para así motivarte “llenar la maceta”. Que hay que darles espacio a las personas y relaciones para que alcancen su potencial. Que el limitar nuestro alrededor hace que nosotros nos limitemos también... la lista es infinita.



No descuides ni des por sentado, porque las apariencias engañan


Hasta hace poco tiempo, esta planta se veía preciosa, llena de vida y con muchas flores.



Pensaba que todo iba genial, le sacaba mil fotos, le decía lo bella que era...pero no estaba viéndola con atención. En realidad, tenía una plaga que empezó lentamente a manifestarse en sus hojas, luego en sus ramas, y en cuestión de días murió.


Esta fue la única planta que no hubo forma de salvar, pero si no me hubiera confiado por su belleza aparente, habría visto el daño que poco a poco la fue acechando.


Esta lección es clara: tanto a ti mism@ como a tus seres queridos, cuídalos, escúchalos y nútrelos con atención. Hay veces que quienes más están sufriendo se esconden en stories de Instagram divertidos o sonrisas forzadas.



Es difícil aceptar que las cosas no son como las quieres


Dejé esta lección, la más difícil para mí, para el final.



Esta planta ha pasado por muchas etapas, pero sé que aún no se ha adaptado bien a mi casa. Tiene hojas secas, fácilmente se decae, pero sigue viva y luchando. Y admito que me incomoda verla así. Me incomoda no atinarle a dónde ponerla, no saber qué es lo que le falta para crecer más fuerte o estar más saludable. He investigado, he visto videos, he hablado con gente que tiene la misma planta… y nada.


Aunque no he descifrado qué es lo que ella necesita, sí trajo una lección: a veces tienes que lidiar con el dolor y frustración mientras buscas una solución.


Y, aunque a veces la solución tarda y la frustración no cede, es posible seguir adelante.


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